martes, 22 de noviembre de 2011

Desvelos, de Ángele Etoundi Essamba



Ángele Etoundi Essamba es la fotógrafa camerunesa autora de “Desvelos”, exposición fotográfica que estuvo del 20 de octubre al 20 de noviembre en la Sala de Armas de la Ciudadela de Pamplona. 

Sus fotografías sorprenden, dan un punto de vista diferente sobre la mujer africana, vista en los medios de comunicación y las películas como un ser indefenso, sin medios para vivir. Ángele Etoundi muestra la gran belleza de la mujer africana, destacando especialmente sus rasgos marcados, sus labios y su mirada. Para destacarlos utiliza colores muy vivos, que resaltan con la morena piel de las fotografiadas. 

La mirada destaca mucho. Es una mirada profunda, que te mira directamente como si quisiese decirte algo. Y lo consigue, porque cada fotografía dice mucho del mundo, de un mundo que en Occidente desconocemos pero que está ahí, no muy lejos. 

Relacionado con la belleza, hace un uso del velo muy desconocido aquí: lo utiliza como un arma de la mujer, de su belleza y su seducción, en lugar de un arma del hombre, de esclavización o de religión, como se interpreta en Occidente.

En cuanto a las reglas de la composición, las dos reglas que más destacan son la sencillez y las líneas. Sus fotografías son sencillas, y Ángele Etoundi Essamba no necesita más, dice mucho fotografiando un simple rostro tapado con un velo, o unos pies con las uñas mal pintadas y la tela del vestido rozando el suelo. La regla de las líneas la utiliza a través del velo, de los rasgos de la cara, de un fondo de una playa, o simplemente con el cuerpo desnudo de la mujer.

Desde luego es una exposición de lo más recomendable. Hace que te plantees la verdad de la mujer africana, una verdad desconocida en el resto del mundo. Y la verdad es que es una pena. África tiene mucho que decir, y Ángele Etoundi Essamba consigue decirlo, y sin palabras. Solo con fotografías. 

Enfoca Pamplona 2011






viernes, 7 de octubre de 2011

Las manos de la amatxi







Texto de Asier Barandiarán

El 10 de junio de 1973 se celebró en Oiartzun (Guipúzcoa) un homenaje a un bertsolari. A este acto fue invitado Xalbador, el pastor de Urepel (Baja Navarra). Cuando le tocó su turno, se acercó con solemnidad al micrófono. Su figura mostraba a un hombre sereno y rebosante de confianza. Don Juan Mari Lekuona fue el encargado de comunicarle el tema sobre el que debía cantar de un modo improvisado: “Xalbador, éste es tu tema, las manos de la abuela, “amatxiren eskuak”. Tras unos segundos de concentración empezó a cantar con una melodía suave y nostálgica:

Aizu, amona, aspaldian zu etorri zinen mundura,
ta zure baitan ibili duzu zonbait-zonbait arrangura;
nik ikustean begi xorrotxez zuk duzun esku zimurra,
laster mundutik joanen zarela etorzen zeraut beldurra.

Escucha abuela,
hace ya mucho tiempo que viniste al mundo,
y en tu interior has pasado muchas preocupaciones.
Al contemplar con mi fina mirada esas queridas manos arrugadas,
me viene un temor de que pronto tendrás que dejar este mundo.

Los oyentes no esperaban esta salida. Mirando a Xalbador podrían asegurar que no es un ejercicio de erudición y rima el de éste buen pastor. En su cara parecía vislumbrarse una añoranza de esa “amatxi”. Xalbador, sin cambiar el gesto grave y profundo de su rostro, canta su segundo bertso:

Beste amatxi asko ikusi izan ditut han-hemenka,
Jainkoa, otoi, ez dadiela gaukoan eni mendeka:
zure eskuak ez bitza, otoi, behin betiko esteka,
semeatxiak hain maite baitu esku horien pereka.

He visto en todo el mundo a otras muchas “amatxis”,
Señor, por favor, que me perdonen hoy lo que digo,
que tus manos, “amatxi” mía, no se agarroten nunca,
pues éste tu nieto tanto ama las caricias de esas manos arrugadas.

Cuando los oyentes todavía no se habían repuesto de la emoción, Xalbador lanzó al aire su tercer bertso:

Ene amatxik mundu guzian ba ote zuen berdinik?
Dudatzen nago hardu dukeen nehoiz atseginik;
orai eskuak ximurtu zaizko zainak hor dazura urdinik,
eta ez dago arritzekoa horrenbeste lan eginik.

Mi “amatxi” en todo el mundo ¿acaso tendría una igual?
estoy dudando de que alguna vez hubiese tomado un descanso,
ahora se le han envejecido las manos,
y sus venas azules las tiene ahí a la vista,
no es de extrañar... ¡tanta labor han hecho!

Xalbador con esa mirada suya perdida en el horizonte está viendo a su abuela trabajando, hilando la lana, cuidando la olla en el fuego, meciendo la cuna de su nieto, desgranando las mazorcas de maíz o las cuentas del rosario. Una abuela, con unas manos arrugadas, que fue la memoria de esa comunidad familiar.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La alegría del mercado

El mercado me recuerda a cuando era una niña y solía acompañar a mi madre a los mercadillos a comprar la fruta y la verdura. Siempre me acababa comprando algo. Me gusta andar entre los puestos, ver los vivos colores de la fruta, oler la carne cruda y el pescado, ver a la gente con sus carros de la compra... Pero sobre todo me gusta la alegría que invade todos los rincones del mercado. Los dependientes atienden con una sonrisa y los clientes responden con otra. Me gusta también la manera de tratar a los clientes como si fuesen de su propia familia: "cariño, ¿qué te pongo?", "mira, te aconsejo que te lleves esto, te va a encantar, es muy bueno", incluso hay trabajadores y clientes que, por coincidir muchas veces, se conocen y se ponen al día cada semana que se juntan ahí. La amabilidad del mercado engancha, por eso sigue habiendo personas que madrugan cada día para ir, y esa puede ser la clave para que este tipo de establecimientos continúe.