domingo, 11 de septiembre de 2011

El árbol

Estaba rodeado de muchos como él y, sin embargo, llamaba la atención. No solo por los brillantes colores de sus hojas, sino porque tenía una imperfección: su tallo estaba torcido. Y, a pesar de ese defecto, o quizás precisamente por él, era el más bonito del parque. No era demasiado grande, ni demasiado pequeño. Su tallo no era ni muy gordo ni muy fino. Sus hojas, aunque llenas de luz, eran iguales que las de los árboles que estaban junto a él. Pero era diferente, y eso es lo que le hacía especial. La gente, al pasear, se paraba a mirarlo, primero con extrañeza y después con admiración. Irradiaba belleza. Parecía recordar a los paseantes que lo que te hace diferente también te hace especial.






"Así como el árbol se fertiliza con sus hojas secas que caen y crece por sus propios medios, el hombre se engrandece con todas sus esperanzas destruidas y con todos sus cariños deshechos" F. William Robertson

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